En el Mes de la Prevención del Suicidio, la exposición permanente, la comparación y la búsqueda de aprobación digital abren una conversación necesaria. Tomarse una pausa puede disminuir esa presión, pero si el malestar persiste o la desconexión viene acompañada de aislamiento y desesperanza, es importante buscar apoyo profesional. Dejar el entorno digital puede ser un ejercicio de salud mental. Cerrar Instagram, borrar una aplicación o pasar algunos días sin revisar notificaciones puede sentirse como un alivio para quienes viven pendientes de las reacciones, visualizaciones o respuestas de otras personas. Sin embargo, la desconexión digital no produce el mismo efecto en todos ni reemplaza el apoyo psicológico cuando existe un sufrimiento emocional persistente. La conversación adquiere especial relevancia en Chile. Según el informe Growing Up in the Social Media Age, publicado por la OCDE en junio de 2026, los adolescentes chilenos de 15 años pasan más de 45 horas semanales en redes sociales, el registro más alto entre los países analizados y más que una jornada laboral completa. Aunque las plataformas pueden facilitar la comunicación y el sentido de pertenencia, también pueden aumentar la exposición a vidas aparentemente perfectas, comentarios, exclusión y métricas visibles de popularidad. El riesgo no depende únicamente del tiempo conectado, sino de cómo ese uso afecta la autoestima, el descanso, las relaciones y el estado de ánimo. “Una pausa puede ser una forma válida de autocuidado cuando la persona reconoce que cada vez que entra a una red social se siente más ansiosa, triste o insegura. Salir temporalmente de ese espacio puede ayudar a disminuir la comparación y recuperar la atención en la vida cotidiana y la privacidad ”, explica Luz María de Costa-Nora, psicóloga y jefa de Atenciones Terapéuticas de Fundación CENFA. La necesidad de revisar constantemente el teléfono, la angustia cuando una publicación no recibe la respuesta esperada o la sensación de que la vida propia es inferior a la de los demás pueden indicar que la experiencia digital dejó de ser saludable. También es importante observar: “Las métricas pueden hacer que una persona comience a traducir su valor personal en números: cuántos la siguen, quién reaccionó o quién dejó de hacerlo. La ausencia de una respuesta digital puede vivirse como rechazo ”, señala la psicóloga. Cerrar una cuenta no significa necesariamente que alguien atraviese una crisis. Puede responder a la necesidad de descansar, proteger la privacidad o recuperar tiempo. Sin embargo, un alejamiento repentino merece atención si coincide con aislamiento, expresiones de desesperanza, despedidas inusuales o comentarios sobre no querer continuar. En esos casos, no basta con reaccionar a una historia o enviar un mensaje genérico. La intervención efectiva requiere establecer un contacto directo y humano, preguntar cómo se siente la persona, escuchar activamente y ofrecer ayuda concreta. Preguntar abiertamente si ha pensado en hacerse daño no instala la idea ni aumenta el riesgo; puede abrir un espacio para que alguien comunique lo que está viviendo. “Si una persona desaparece de las redes, lo importante no es presionarla para que regrese, sino asegurarse de que no haya quedado sola. La prevención también ocurre fuera de la pantalla: en una llamada, una visita o una pregunta sincera y directa ”, enfatiza Luz María de Costa-Nora. Antes de cerrar una cuenta, puede ser útil informar la decisión a personas de confianza, mantener disponibles otros canales de contacto y planificar actividades presenciales. También se pueden desactivar notificaciones, establecer horarios de uso, dejar de seguir contenido que genera malestar y evitar revisar el teléfono antes de dormir. Si después de desconectarse continúan la angustia, la desesperanza, el aislamiento o las ideas de muerte, es necesario buscar apoyo profesional y comunicar lo que ocurre a una persona cercana. La pausa digital puede aliviar ciertos estímulos pero no debe convertirse en una forma solitaria para enfrentar el sufrimiento. Ante una crisis asociada al suicidio se puede llamar gratuitamente desde un celular al *4141 “No estás solo, no estás sola”, disponible las 24 horas todos los días. También está disponible Salud Responde en el 600 360 7777, con atención profesional continua. Fuente: Publimetro
Los videojuegos podrían tener una función que va más allá del entretenimiento: ayudar a prevenir problemas de salud mental entre los adolescentes. Investigadores exploran el potencial de las intervenciones digitales para desarrollar habilidades que permitan a los jóvenes enfrentar mejor situaciones difíciles y reducir factores asociados con la depresión. La investigación parte de la idea de utilizar un medio familiar para los adolescentes como vehículo de prevención. Los videojuegos pueden presentar situaciones y decisiones dentro de un entorno interactivo, permitiendo que los jóvenes practiquen diferentes formas de responder ante desafíos emocionales y sociales. “Los juegos serios destinados a la prevención y la promoción de la salud mental constituyen un ámbito en rápido crecimiento”, aseguró Lynn E. Fiellin, profesora de Ciencias de Datos Biomédicos de Dartmouth. INVOLUCRAR A LOS JÓVENES Lynn E. Fiellin, una de las investigadoras vinculadas a este campo en Dartmouth, ha destacado que el diseño de estas herramientas debe contar con la participación de los propios adolescentes. Su equipo desarrolla videojuegos basados en evidencia y utiliza las experiencias de los jóvenes para hacer que las intervenciones sean más cercanas a su realidad. El objetivo no es sustituir la atención profesional, sino explorar si las herramientas digitales pueden complementar las estrategias tradicionales de prevención. Investigaciones del equipo de Dartmouth han utilizado ensayos controlados para evaluar intervenciones mediante videojuegos dirigidas a adolescentes, incluyendo proyectos relacionados con salud mental y prevención de conductas de riesgo. Play2prevent Fuente: Publimetro
Un cambio significativo se está produciendo en el sistema de salud previsional en Chile, según las últimas cifras oficiales. Entre enero y mayo de 2026, se emitieron 2,7 millones de licencias médicas electrónicas (LME), lo que representa una disminución del 21,1% en comparación con el mismo período del año anterior. Esta reducción se hace más evidente al analizar las licencias de origen común (tipos 1, 2 y 7) con pronunciamiento técnico, que constituyen el 93,6% del total. Estas licencias experimentaron un retroceso aún mayor del 22,2%. La disminución en el uso de este derecho laboral y de salud no discrimina por administración, género ni tipo de empleador, afectando a todos los segmentos de la población económicamente activa. Tanto el sector privado como el público han experimentado esta tendencia a la baja. Además de la menor cantidad de licencias emitidas, la duración promedio de los reposos autorizados también ha disminuido notablemente, pasando de 13,2 días en 2025 a 12,0 días por licencia en 2026. A pesar de que los trastornos mentales siguen siendo el principal diagnóstico médico en Chile, han experimentado cambios significativos. Este grupo de patologías no solo ha reducido su participación porcentual dentro del total, sino que también ha registrado la mayor disminución en volumen de casos respecto al año anterior. El informe señala que el perfil del usuario que solicita estos permisos de reposo ha cambiado notablemente en los primeros cinco meses de 2026. Cambio de conducta detectado: Se observa un aumento en la proporción de afiliados que solicitan una sola licencia médica, mientras que ha disminuido drásticamente el número de usuarios recurrentes con múltiples licencias consecutivas y largos períodos de reposo acumulados. Una publicación compartida por Superintendencia de Seguridad Social (@susesochile) Fuente: Publimetro
La preocupación por la salud mental de niños, niñas y adolescentes se ha convertido en una de las principales alertas del sistema educativo chileno. Según el estudio Depresión, ansiedad y estrés en el sistema educativo chileno: prevalencia y variables en niños, niñas y adolescentes en el escenario postpandemia, un 60% de los escolares presenta síntomas de depresión, mientras que un 64% muestra signos de ansiedad y cerca del 50% niveles elevados de estrés. Esta preocupación se ve respaldada por evidencia internacional, como el informe Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), que señala un aumento sostenido del malestar emocional en adolescentes a nivel global, lo que destaca la importancia del bienestar socioemocional para el aprendizaje y la convivencia escolar. En palabras de Rodrigo Torres, cofundador de MÜUD, una plataforma tecnológica enfocada en prevención socioemocional en comunidades educativas: Lo más preocupante no es solo la magnitud de las cifras, sino que muchas veces estas señales pasan desapercibidas hasta que el problema ya escaló. Seguimos operando desde la reacción. Según Torres, los conflictos escolares y las crisis emocionales no surgen repentinamente. Antes hay señales, ya sea aislamiento, cambios de comportamiento, irritabilidad, desmotivación o cansancio emocional. El problema es que el sistema no siempre tiene cómo detectarlas a tiempo porque no implementa las herramientas necesarias, agregó. En este contexto, se destaca la importancia de fortalecer el rol preventivo tanto en colegios como en las familias. Entre las señales a las que se debe prestar atención se encuentran los cambios abruptos en el estado de ánimo, pérdida de interés por actividades habituales, dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño y conductas de aislamiento social. Se necesitan herramientas que permitan entender qué está pasando con los estudiantes antes de que el problema se haga visible y esas herramientas ya están disponibles. Sin embargo, se están priorizando medidas de reacción y no de prevención, concluyó Torres. Fuente: Publimetro
En el Mes de la Prevención del Suicidio, la exposición permanente, la comparación y la búsqueda de aprobación digital abren una conversación necesaria. Tomarse una pausa puede disminuir esa presión, pero si el malestar persiste o la desconexión viene acompañada de aislamiento y desesperanza, es importante buscar apoyo profesional. Dejar el entorno digital puede ser un ejercicio de salud mental. Cerrar Instagram, borrar una aplicación o pasar algunos días sin revisar notificaciones puede sentirse como un alivio para quienes viven pendientes de las reacciones, visualizaciones o respuestas de otras personas. Sin embargo, la desconexión digital no produce el mismo efecto en todos ni reemplaza el apoyo psicológico cuando existe un sufrimiento emocional persistente. La conversación adquiere especial relevancia en Chile. Según el informe Growing Up in the Social Media Age, publicado por la OCDE en junio de 2026, los adolescentes chilenos de 15 años pasan más de 45 horas semanales en redes sociales, el registro más alto entre los países analizados y más que una jornada laboral completa. Aunque las plataformas pueden facilitar la comunicación y el sentido de pertenencia, también pueden aumentar la exposición a vidas aparentemente perfectas, comentarios, exclusión y métricas visibles de popularidad. El riesgo no depende únicamente del tiempo conectado, sino de cómo ese uso afecta la autoestima, el descanso, las relaciones y el estado de ánimo. “Una pausa puede ser una forma válida de autocuidado cuando la persona reconoce que cada vez que entra a una red social se siente más ansiosa, triste o insegura. Salir temporalmente de ese espacio puede ayudar a disminuir la comparación y recuperar la atención en la vida cotidiana y la privacidad ”, explica Luz María de Costa-Nora, psicóloga y jefa de Atenciones Terapéuticas de Fundación CENFA. La necesidad de revisar constantemente el teléfono, la angustia cuando una publicación no recibe la respuesta esperada o la sensación de que la vida propia es inferior a la de los demás pueden indicar que la experiencia digital dejó de ser saludable. También es importante observar: “Las métricas pueden hacer que una persona comience a traducir su valor personal en números: cuántos la siguen, quién reaccionó o quién dejó de hacerlo. La ausencia de una respuesta digital puede vivirse como rechazo ”, señala la psicóloga. Cerrar una cuenta no significa necesariamente que alguien atraviese una crisis. Puede responder a la necesidad de descansar, proteger la privacidad o recuperar tiempo. Sin embargo, un alejamiento repentino merece atención si coincide con aislamiento, expresiones de desesperanza, despedidas inusuales o comentarios sobre no querer continuar. En esos casos, no basta con reaccionar a una historia o enviar un mensaje genérico. La intervención efectiva requiere establecer un contacto directo y humano, preguntar cómo se siente la persona, escuchar activamente y ofrecer ayuda concreta. Preguntar abiertamente si ha pensado en hacerse daño no instala la idea ni aumenta el riesgo; puede abrir un espacio para que alguien comunique lo que está viviendo. “Si una persona desaparece de las redes, lo importante no es presionarla para que regrese, sino asegurarse de que no haya quedado sola. La prevención también ocurre fuera de la pantalla: en una llamada, una visita o una pregunta sincera y directa ”, enfatiza Luz María de Costa-Nora. Antes de cerrar una cuenta, puede ser útil informar la decisión a personas de confianza, mantener disponibles otros canales de contacto y planificar actividades presenciales. También se pueden desactivar notificaciones, establecer horarios de uso, dejar de seguir contenido que genera malestar y evitar revisar el teléfono antes de dormir. Si después de desconectarse continúan la angustia, la desesperanza, el aislamiento o las ideas de muerte, es necesario buscar apoyo profesional y comunicar lo que ocurre a una persona cercana. La pausa digital puede aliviar ciertos estímulos pero no debe convertirse en una forma solitaria para enfrentar el sufrimiento. Ante una crisis asociada al suicidio se puede llamar gratuitamente desde un celular al *4141 “No estás solo, no estás sola”, disponible las 24 horas todos los días. También está disponible Salud Responde en el 600 360 7777, con atención profesional continua. Fuente: Publimetro
Los videojuegos podrían tener una función que va más allá del entretenimiento: ayudar a prevenir problemas de salud mental entre los adolescentes. Investigadores exploran el potencial de las intervenciones digitales para desarrollar habilidades que permitan a los jóvenes enfrentar mejor situaciones difíciles y reducir factores asociados con la depresión. La investigación parte de la idea de utilizar un medio familiar para los adolescentes como vehículo de prevención. Los videojuegos pueden presentar situaciones y decisiones dentro de un entorno interactivo, permitiendo que los jóvenes practiquen diferentes formas de responder ante desafíos emocionales y sociales. “Los juegos serios destinados a la prevención y la promoción de la salud mental constituyen un ámbito en rápido crecimiento”, aseguró Lynn E. Fiellin, profesora de Ciencias de Datos Biomédicos de Dartmouth. INVOLUCRAR A LOS JÓVENES Lynn E. Fiellin, una de las investigadoras vinculadas a este campo en Dartmouth, ha destacado que el diseño de estas herramientas debe contar con la participación de los propios adolescentes. Su equipo desarrolla videojuegos basados en evidencia y utiliza las experiencias de los jóvenes para hacer que las intervenciones sean más cercanas a su realidad. El objetivo no es sustituir la atención profesional, sino explorar si las herramientas digitales pueden complementar las estrategias tradicionales de prevención. Investigaciones del equipo de Dartmouth han utilizado ensayos controlados para evaluar intervenciones mediante videojuegos dirigidas a adolescentes, incluyendo proyectos relacionados con salud mental y prevención de conductas de riesgo. Play2prevent Fuente: Publimetro
Un cambio significativo se está produciendo en el sistema de salud previsional en Chile, según las últimas cifras oficiales. Entre enero y mayo de 2026, se emitieron 2,7 millones de licencias médicas electrónicas (LME), lo que representa una disminución del 21,1% en comparación con el mismo período del año anterior. Esta reducción se hace más evidente al analizar las licencias de origen común (tipos 1, 2 y 7) con pronunciamiento técnico, que constituyen el 93,6% del total. Estas licencias experimentaron un retroceso aún mayor del 22,2%. La disminución en el uso de este derecho laboral y de salud no discrimina por administración, género ni tipo de empleador, afectando a todos los segmentos de la población económicamente activa. Tanto el sector privado como el público han experimentado esta tendencia a la baja. Además de la menor cantidad de licencias emitidas, la duración promedio de los reposos autorizados también ha disminuido notablemente, pasando de 13,2 días en 2025 a 12,0 días por licencia en 2026. A pesar de que los trastornos mentales siguen siendo el principal diagnóstico médico en Chile, han experimentado cambios significativos. Este grupo de patologías no solo ha reducido su participación porcentual dentro del total, sino que también ha registrado la mayor disminución en volumen de casos respecto al año anterior. El informe señala que el perfil del usuario que solicita estos permisos de reposo ha cambiado notablemente en los primeros cinco meses de 2026. Cambio de conducta detectado: Se observa un aumento en la proporción de afiliados que solicitan una sola licencia médica, mientras que ha disminuido drásticamente el número de usuarios recurrentes con múltiples licencias consecutivas y largos períodos de reposo acumulados. Una publicación compartida por Superintendencia de Seguridad Social (@susesochile) Fuente: Publimetro
La preocupación por la salud mental de niños, niñas y adolescentes se ha convertido en una de las principales alertas del sistema educativo chileno. Según el estudio Depresión, ansiedad y estrés en el sistema educativo chileno: prevalencia y variables en niños, niñas y adolescentes en el escenario postpandemia, un 60% de los escolares presenta síntomas de depresión, mientras que un 64% muestra signos de ansiedad y cerca del 50% niveles elevados de estrés. Esta preocupación se ve respaldada por evidencia internacional, como el informe Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), que señala un aumento sostenido del malestar emocional en adolescentes a nivel global, lo que destaca la importancia del bienestar socioemocional para el aprendizaje y la convivencia escolar. En palabras de Rodrigo Torres, cofundador de MÜUD, una plataforma tecnológica enfocada en prevención socioemocional en comunidades educativas: Lo más preocupante no es solo la magnitud de las cifras, sino que muchas veces estas señales pasan desapercibidas hasta que el problema ya escaló. Seguimos operando desde la reacción. Según Torres, los conflictos escolares y las crisis emocionales no surgen repentinamente. Antes hay señales, ya sea aislamiento, cambios de comportamiento, irritabilidad, desmotivación o cansancio emocional. El problema es que el sistema no siempre tiene cómo detectarlas a tiempo porque no implementa las herramientas necesarias, agregó. En este contexto, se destaca la importancia de fortalecer el rol preventivo tanto en colegios como en las familias. Entre las señales a las que se debe prestar atención se encuentran los cambios abruptos en el estado de ánimo, pérdida de interés por actividades habituales, dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño y conductas de aislamiento social. Se necesitan herramientas que permitan entender qué está pasando con los estudiantes antes de que el problema se haga visible y esas herramientas ya están disponibles. Sin embargo, se están priorizando medidas de reacción y no de prevención, concluyó Torres. Fuente: Publimetro