En las últimas horas, el término “therian” cobró una relevancia inusitada en entornos digitales, generando confusión respecto a su significado y su relación con otros movimientos como el de los “furries”. Aunque ambos grupos comparten una conexión con el reino animal, sus orígenes, propósitos y vivencias internas son profundamente distintos. Un therian es una persona que se identifica de manera intrínseca y no biológica como un animal no humano. Esta conexión no se limita a un gusto estético o a un pasatiempo; se trata de una identidad interna que los involucrados describen como una sensación de pertenecer a otra especie, ya sea a nivel espiritual, psicológico o neurológico. A este animal se le denomina “theriotipo”. Es común que el público general confunda ambos términos, pero la distinción es clara: Especialistas en salud mental señalan que, detrás de la viralización de estos comportamientos en plataformas como TikTok, existe un trasfondo complejo. Algunos psicólogos advierten que la adopción de una identidad animal puede ser un mecanismo de defensa o una respuesta ante el sufrimiento, el aislamiento social o traumas no resueltos. Al identificarse como un animal, el individuo busca un espacio de pertenencia donde las reglas humanas de juicio no aplican. Además, el fenómeno presenta aristas preocupantes en cuanto al acoso. Muchos jóvenes que se identifican como therians son blanco de burlas extremas en instituciones educativas y redes sociales. El estigma que rodea a esta práctica dificulta que quienes atraviesan crisis de identidad reciban el apoyo profesional adecuado, ya que el comportamiento suele ser catalogado simplemente como un “reto de internet” o una excentricidad, ignorando la carga emocional que conlleva para el adolescente. Entender la diferencia entre la expresión creativa del furry y la búsqueda de identidad del therian resulta fundamental para abordar el fenómeno desde la empatía y la información técnica. Fuente: Publimetro
Una tragedia sacudió el mundo de los cruceros de lujo en Australia. Suzanne Rees, una pasajera australiana de 80 años, murió en la isla Lagarto (Lizard Island), en el estado de Queensland, luego de que el barco Coral Adventurer zarpara sin notar su ausencia. La mujer formaba parte de un viaje de lujo de 60 días alrededor de Australia, por el que los pasajeros pagaron cerca de 80.000 dólares australianos (unos 50.000 dólares estadounidenses). El Coral Adventurer, con capacidad para 120 pasajeros y 46 tripulantes, había partido desde Cairns el viernes por la tarde. Lizard Island era su primera escala, donde los viajeros fueron llevados en lanchas auxiliares para realizar actividades como senderismo y snorkel en la Gran Barrera de Coral. Rees se unió a una excursión al Cook’s Look, el punto más alto de la isla, conocido por sus vistas panorámicas. Sin embargo, durante la caminata comenzó a sentirse mal por el intenso calor. De acuerdo con la versión entregada a su familia por la policía, se le pidió regresar sola al punto de partida para descansar. No fue acompañada ni escoltada por el personal del crucero. Horas más tarde, el barco levantó anclas rumbo a su siguiente destino. Recién a las 21:00, cuando la mujer no se presentó a cenar, la tripulación reportó su desaparición a la Autoridad Australiana de Seguridad Marítima (Amsa). Para entonces, la embarcación ya estaba lejos de la isla. Una primera búsqueda se realizó esa misma noche, pero fue suspendida de madrugada. A la mañana siguiente, un helicóptero retomó el operativo y halló el cuerpo sin vida de Rees a unos 50 metros del sendero hacia la cima. Murió a pocas horas de iniciado el viaje. La empresa operadora del crucero, Coral Expeditions, emitió un comunicado expresando su “profundo pesar” por el fallecimiento y aseguró que colabora con las autoridades australianas en la investigación.El director ejecutivo, Mark Fifield, señaló que la compañía no realizará más comentarios hasta que concluya el proceso oficial. Expertos marítimos calificaron el suceso como “altamente inusual”, ya que los cruceros cuentan con estrictos protocolos de control y registro de pasajeros. Escabullirse a tierra o volver a bordo sin ser detectado simplemente no es una opción , señaló Harriet Mallinson, editora del portal especializado Sailawaze, quien describió el caso como “aislado, impactante y trágico”. Pese a las explicaciones, la hija de la víctima, Katherine Rees, responsabilizó a la compañía por lo ocurrido. En declaraciones al diario The Australian, afirmó que su madre murió por la falta de atención y sentido común de la tripulación. El barco partió sin ella y sin hacer un recuento adecuado de pasajeros. En algún momento de esa secuencia, o poco después, mamá murió, sola , expresó con indignación. Katherine describió a Suzanne como una mujer sana, activa y amante del senderismo y la jardinería.La familia espera que la investigación forense determine responsabilidades y establezca qué medidas podrían haber evitado la tragedia. Fuente: Publimetro
En las últimas horas, el término “therian” cobró una relevancia inusitada en entornos digitales, generando confusión respecto a su significado y su relación con otros movimientos como el de los “furries”. Aunque ambos grupos comparten una conexión con el reino animal, sus orígenes, propósitos y vivencias internas son profundamente distintos. Un therian es una persona que se identifica de manera intrínseca y no biológica como un animal no humano. Esta conexión no se limita a un gusto estético o a un pasatiempo; se trata de una identidad interna que los involucrados describen como una sensación de pertenecer a otra especie, ya sea a nivel espiritual, psicológico o neurológico. A este animal se le denomina “theriotipo”. Es común que el público general confunda ambos términos, pero la distinción es clara: Especialistas en salud mental señalan que, detrás de la viralización de estos comportamientos en plataformas como TikTok, existe un trasfondo complejo. Algunos psicólogos advierten que la adopción de una identidad animal puede ser un mecanismo de defensa o una respuesta ante el sufrimiento, el aislamiento social o traumas no resueltos. Al identificarse como un animal, el individuo busca un espacio de pertenencia donde las reglas humanas de juicio no aplican. Además, el fenómeno presenta aristas preocupantes en cuanto al acoso. Muchos jóvenes que se identifican como therians son blanco de burlas extremas en instituciones educativas y redes sociales. El estigma que rodea a esta práctica dificulta que quienes atraviesan crisis de identidad reciban el apoyo profesional adecuado, ya que el comportamiento suele ser catalogado simplemente como un “reto de internet” o una excentricidad, ignorando la carga emocional que conlleva para el adolescente. Entender la diferencia entre la expresión creativa del furry y la búsqueda de identidad del therian resulta fundamental para abordar el fenómeno desde la empatía y la información técnica. Fuente: Publimetro
Una tragedia sacudió el mundo de los cruceros de lujo en Australia. Suzanne Rees, una pasajera australiana de 80 años, murió en la isla Lagarto (Lizard Island), en el estado de Queensland, luego de que el barco Coral Adventurer zarpara sin notar su ausencia. La mujer formaba parte de un viaje de lujo de 60 días alrededor de Australia, por el que los pasajeros pagaron cerca de 80.000 dólares australianos (unos 50.000 dólares estadounidenses). El Coral Adventurer, con capacidad para 120 pasajeros y 46 tripulantes, había partido desde Cairns el viernes por la tarde. Lizard Island era su primera escala, donde los viajeros fueron llevados en lanchas auxiliares para realizar actividades como senderismo y snorkel en la Gran Barrera de Coral. Rees se unió a una excursión al Cook’s Look, el punto más alto de la isla, conocido por sus vistas panorámicas. Sin embargo, durante la caminata comenzó a sentirse mal por el intenso calor. De acuerdo con la versión entregada a su familia por la policía, se le pidió regresar sola al punto de partida para descansar. No fue acompañada ni escoltada por el personal del crucero. Horas más tarde, el barco levantó anclas rumbo a su siguiente destino. Recién a las 21:00, cuando la mujer no se presentó a cenar, la tripulación reportó su desaparición a la Autoridad Australiana de Seguridad Marítima (Amsa). Para entonces, la embarcación ya estaba lejos de la isla. Una primera búsqueda se realizó esa misma noche, pero fue suspendida de madrugada. A la mañana siguiente, un helicóptero retomó el operativo y halló el cuerpo sin vida de Rees a unos 50 metros del sendero hacia la cima. Murió a pocas horas de iniciado el viaje. La empresa operadora del crucero, Coral Expeditions, emitió un comunicado expresando su “profundo pesar” por el fallecimiento y aseguró que colabora con las autoridades australianas en la investigación.El director ejecutivo, Mark Fifield, señaló que la compañía no realizará más comentarios hasta que concluya el proceso oficial. Expertos marítimos calificaron el suceso como “altamente inusual”, ya que los cruceros cuentan con estrictos protocolos de control y registro de pasajeros. Escabullirse a tierra o volver a bordo sin ser detectado simplemente no es una opción , señaló Harriet Mallinson, editora del portal especializado Sailawaze, quien describió el caso como “aislado, impactante y trágico”. Pese a las explicaciones, la hija de la víctima, Katherine Rees, responsabilizó a la compañía por lo ocurrido. En declaraciones al diario The Australian, afirmó que su madre murió por la falta de atención y sentido común de la tripulación. El barco partió sin ella y sin hacer un recuento adecuado de pasajeros. En algún momento de esa secuencia, o poco después, mamá murió, sola , expresó con indignación. Katherine describió a Suzanne como una mujer sana, activa y amante del senderismo y la jardinería.La familia espera que la investigación forense determine responsabilidades y establezca qué medidas podrían haber evitado la tragedia. Fuente: Publimetro