El ajolote, o Ambystoma mexicanum por su nombre científico, es una especie de anfibio, de la familia de las salamandras, cuyas asombrosas cualidades han sorprendido a los observadores desde hace siglos. Su nombre en náhuatl, axólotl, quiere decir “xólotl de agua” y se ha traducido como “juguete de agua”, “monstruo acuático”, “gemelo de agua” o “perro de agua”. Habita exclusivamente en la zona del Valle de México, en el centro del país. Es tímido y siempre busca lugares para esconderse. CARACTERÍSTICAS COLOR. La mayoría de los ajolotes son negros o marrones moteados, pero también existen variedades con piel blanca y branquias rosadas o rojas. BRANQUIAS EXTERNAS. A cada lado de la cabeza, el ajolote cuenta con unas cuantas branquias externas con aspecto de plumas que le proporcionan oxígeno y su aspecto único. Los ajolotes adultos tienen pulmones pero dependen principalmente de estas branquias para respirar. PIERNAS. Al nacer, los ajolotes no cuentan con patas, las desarrollan unas semanas más tarde. DIETA. Son animales carnívoros, y su dieta incluye gusanos, larvas de insectos, pequeños crustáceos y peces. EXPECTATIVA DE VIDA. Normalmente viven de 10 a 15 años. DATOS FASCINANTES CUALIDADES REGENERATIVAS. El ajolote puede regenerar extremidades, tejidos, órganos e incluso partes del sistema nervioso. Esta capacidad excepcional lo ha convertido en objeto de estudio para la medicina regenerativa. SU CAPACIDAD PARA LA NEOTENIA. A diferencia de otros anfibios, conserva durante toda su vida características juveniles, como sus branquias externas. Este fenómeno se conoce como neotenia. RESPIRA COMO SI NUNCA CRECIERA. Aunque posee pulmones, obtiene la mayor parte del oxígeno a través de sus branquias. Es una característica propia de las etapas tempranas de los anfibios que el ajolote mantiene toda su vida. ALBINISMO. En la naturaleza, los ajolotes suelen ser de color oscuro. Los ejemplares blancos o rosados son resultado de variaciones genéticas que afectan la producción de pigmentos. ESTATUS MITOLÓGICO Y CULTURA. Para los mexicas, el ajolote estaba relacionado con Xólotl –el dios azteca del fuego y el rayo– y tenía un carácter sagrado. Hoy sigue siendo un emblema nacional y aparece incluso en el billete mexicano de 50 pesos. HÁBITAT. Vive en los sistemas de agua dulce de la cuenca del Valle de México, incluyendo los lagos Xochimilco y Chalco, así como algunos canales y cuerpos de agua cercanos a la Ciudad de México. Su hábitat natural es de agua dulce, donde se desarrolla principalmente en ambientes acuáticos. PROSPERANDO EN CAUTIVERIO. Aunque están casi extintos en la naturaleza, los ajolotes se desarrollan bien en cautiverio. En ambos casos, pueden llegar a medir hasta 30 centímetros. ESTABILIDAD ECOLÓGICA. Los ajolotes desempeñan un papel esencial para la estabilidad ecológica de los canales de Xochimilco, en Ciudad de México. Ayudan a controlar las poblaciones de pequeños peces, insectos y otros invertebrados, evitando su proliferación descontrolada y ayudando a mantener el equilibrio del ecosistema. POR QUÉ ESTÁ EN PELIGRO DE EXTINCIÓN? A pesar de sus cualidades únicas y su importancia cultural en México, el ajolote se enfrenta a la amenaza de la extinción. Varias razones contribuyen a su estado crítico: Pérdida de hábitat. La degradación de los hábitats acuáticos y la contaminación del agua son dos de las principales amenazas para el ajolote. La urbanización y la agricultura han alterado significativamente los ecosistemas donde vive esta especie. Introducción de especies invasoras. La introducción de especies invasoras, como peces y ranas, ha llevado a la competencia por recursos y la depredación de ajolotes, reduciendo aún más sus poblaciones. Tráfico ilegal de mascotas. A pesar de que su comercio está regulado en México, el ajolote sigue siendo buscado como mascota. Esto ejerce presión sobre las poblaciones silvestres. Enfermedades. El ajolote es susceptible a enfermedades fúngicas que han diezmado poblaciones enteras en los últimos años. FUENTES: FUNDACIÓN AQUAE, FONDO MUNDIAL DE LA NATURALEZA Y GREENPEACE. Fuente: Publimetro
Un grupo de científicos ha logrado arrojar luz sobre el proceso de incubación de los oviraptores, dinosaurios que vivieron durante el período Cretácico Superior, mediante la construcción de un modelo realista tanto del dinosaurio como de su nido, basándose en pruebas fósiles. El nido descubierto presentaba huevos dispuestos en anillos concéntricos, imitando los hallazgos reales de la época. Al combinar esta reconstrucción física con simulaciones de transferencia de calor, el equipo pudo estudiar cómo se distribuía el calor entre los huevos en diferentes condiciones ambientales. Los resultados obtenidos revelaron que los oviraptores adultos probablemente no podían calentar uniformemente todos sus huevos a través del contacto directo. En su lugar, la luz solar parece haber desempeñado un papel crucial en la regulación de la temperatura en todo el nido. INCUBACIÓN HÍBRIDA En entornos más fríos, las temperaturas de los huevos mostraban variaciones significativas, mientras que en ambientes más cálidos estas diferencias se reducían. Esto sugiere que el calor solar contribuyó a estabilizar el proceso de incubación, aunque de manera desigual, lo que pudo haber provocado que los huevos eclosionaran en momentos distintos. Según Tzu-Ruei Yang, conservador asociado de paleontología de vertebrados en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Taiwán: “Las aves modernas no son mejores incubando huevos. En cambio, las aves y los oviraptores tienen una forma muy diferente de incubación”. A diferencia de las aves actuales, que dependen del contacto corporal directo para incubar los huevos, los oviraptores parecen haber utilizado un enfoque híbrido. Sus nidos en forma de anillo limitaban el contacto total con todos los huevos, lo que hacía ineficaz la incubación tradicional similar a la practicada por las aves. En su lugar, estos dinosaurios probablemente combinaban el calor parental con el ambiental, lo que resultaba en un sistema menos eficiente pero adaptado a su estilo específico de anidación. Fuente: Publimetro
El ajolote, o Ambystoma mexicanum por su nombre científico, es una especie de anfibio, de la familia de las salamandras, cuyas asombrosas cualidades han sorprendido a los observadores desde hace siglos. Su nombre en náhuatl, axólotl, quiere decir “xólotl de agua” y se ha traducido como “juguete de agua”, “monstruo acuático”, “gemelo de agua” o “perro de agua”. Habita exclusivamente en la zona del Valle de México, en el centro del país. Es tímido y siempre busca lugares para esconderse. CARACTERÍSTICAS COLOR. La mayoría de los ajolotes son negros o marrones moteados, pero también existen variedades con piel blanca y branquias rosadas o rojas. BRANQUIAS EXTERNAS. A cada lado de la cabeza, el ajolote cuenta con unas cuantas branquias externas con aspecto de plumas que le proporcionan oxígeno y su aspecto único. Los ajolotes adultos tienen pulmones pero dependen principalmente de estas branquias para respirar. PIERNAS. Al nacer, los ajolotes no cuentan con patas, las desarrollan unas semanas más tarde. DIETA. Son animales carnívoros, y su dieta incluye gusanos, larvas de insectos, pequeños crustáceos y peces. EXPECTATIVA DE VIDA. Normalmente viven de 10 a 15 años. DATOS FASCINANTES CUALIDADES REGENERATIVAS. El ajolote puede regenerar extremidades, tejidos, órganos e incluso partes del sistema nervioso. Esta capacidad excepcional lo ha convertido en objeto de estudio para la medicina regenerativa. SU CAPACIDAD PARA LA NEOTENIA. A diferencia de otros anfibios, conserva durante toda su vida características juveniles, como sus branquias externas. Este fenómeno se conoce como neotenia. RESPIRA COMO SI NUNCA CRECIERA. Aunque posee pulmones, obtiene la mayor parte del oxígeno a través de sus branquias. Es una característica propia de las etapas tempranas de los anfibios que el ajolote mantiene toda su vida. ALBINISMO. En la naturaleza, los ajolotes suelen ser de color oscuro. Los ejemplares blancos o rosados son resultado de variaciones genéticas que afectan la producción de pigmentos. ESTATUS MITOLÓGICO Y CULTURA. Para los mexicas, el ajolote estaba relacionado con Xólotl –el dios azteca del fuego y el rayo– y tenía un carácter sagrado. Hoy sigue siendo un emblema nacional y aparece incluso en el billete mexicano de 50 pesos. HÁBITAT. Vive en los sistemas de agua dulce de la cuenca del Valle de México, incluyendo los lagos Xochimilco y Chalco, así como algunos canales y cuerpos de agua cercanos a la Ciudad de México. Su hábitat natural es de agua dulce, donde se desarrolla principalmente en ambientes acuáticos. PROSPERANDO EN CAUTIVERIO. Aunque están casi extintos en la naturaleza, los ajolotes se desarrollan bien en cautiverio. En ambos casos, pueden llegar a medir hasta 30 centímetros. ESTABILIDAD ECOLÓGICA. Los ajolotes desempeñan un papel esencial para la estabilidad ecológica de los canales de Xochimilco, en Ciudad de México. Ayudan a controlar las poblaciones de pequeños peces, insectos y otros invertebrados, evitando su proliferación descontrolada y ayudando a mantener el equilibrio del ecosistema. POR QUÉ ESTÁ EN PELIGRO DE EXTINCIÓN? A pesar de sus cualidades únicas y su importancia cultural en México, el ajolote se enfrenta a la amenaza de la extinción. Varias razones contribuyen a su estado crítico: Pérdida de hábitat. La degradación de los hábitats acuáticos y la contaminación del agua son dos de las principales amenazas para el ajolote. La urbanización y la agricultura han alterado significativamente los ecosistemas donde vive esta especie. Introducción de especies invasoras. La introducción de especies invasoras, como peces y ranas, ha llevado a la competencia por recursos y la depredación de ajolotes, reduciendo aún más sus poblaciones. Tráfico ilegal de mascotas. A pesar de que su comercio está regulado en México, el ajolote sigue siendo buscado como mascota. Esto ejerce presión sobre las poblaciones silvestres. Enfermedades. El ajolote es susceptible a enfermedades fúngicas que han diezmado poblaciones enteras en los últimos años. FUENTES: FUNDACIÓN AQUAE, FONDO MUNDIAL DE LA NATURALEZA Y GREENPEACE. Fuente: Publimetro
Un grupo de científicos ha logrado arrojar luz sobre el proceso de incubación de los oviraptores, dinosaurios que vivieron durante el período Cretácico Superior, mediante la construcción de un modelo realista tanto del dinosaurio como de su nido, basándose en pruebas fósiles. El nido descubierto presentaba huevos dispuestos en anillos concéntricos, imitando los hallazgos reales de la época. Al combinar esta reconstrucción física con simulaciones de transferencia de calor, el equipo pudo estudiar cómo se distribuía el calor entre los huevos en diferentes condiciones ambientales. Los resultados obtenidos revelaron que los oviraptores adultos probablemente no podían calentar uniformemente todos sus huevos a través del contacto directo. En su lugar, la luz solar parece haber desempeñado un papel crucial en la regulación de la temperatura en todo el nido. INCUBACIÓN HÍBRIDA En entornos más fríos, las temperaturas de los huevos mostraban variaciones significativas, mientras que en ambientes más cálidos estas diferencias se reducían. Esto sugiere que el calor solar contribuyó a estabilizar el proceso de incubación, aunque de manera desigual, lo que pudo haber provocado que los huevos eclosionaran en momentos distintos. Según Tzu-Ruei Yang, conservador asociado de paleontología de vertebrados en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Taiwán: “Las aves modernas no son mejores incubando huevos. En cambio, las aves y los oviraptores tienen una forma muy diferente de incubación”. A diferencia de las aves actuales, que dependen del contacto corporal directo para incubar los huevos, los oviraptores parecen haber utilizado un enfoque híbrido. Sus nidos en forma de anillo limitaban el contacto total con todos los huevos, lo que hacía ineficaz la incubación tradicional similar a la practicada por las aves. En su lugar, estos dinosaurios probablemente combinaban el calor parental con el ambiental, lo que resultaba en un sistema menos eficiente pero adaptado a su estilo específico de anidación. Fuente: Publimetro