Con la proximidad de una nueva aplicación del SIMCE, muchos colegios intensifican sus ensayos y repasos para preparar a los estudiantes. Sin embargo, expertos advierten que el éxito en esta evaluación depende más del desarrollo continuo de habilidades como la comprensión, el razonamiento y la resolución de problemas que de la preparación de último momento. Esta necesidad de habilidades se relaciona con la evolución que ha experimentado el SIMCE en sí mismo. Actualmente, la evaluación busca evaluar cómo los estudiantes aplican sus conocimientos en diferentes contextos, en lugar de simplemente medir la memorización de contenidos. El SIMCE ya no busca verificar cuánto contenido ha acumulado un estudiante, sino qué puede hacer con lo que sabe. Hoy en día, la evaluación evalúa cómo procesan información, deducen significados implícitos, resuelven problemas en situaciones cambiantes y evalúan posturas. Esta evolución refleja que las habilidades del pensamiento no son abstractas, sino herramientas esenciales para la vida cotidiana y el aprendizaje continuo, explica Carla Saldívar, experta en desarrollo del pensamiento de Ziemax. Saldívar destaca que uno de los desafíos principales para las comunidades educativas es fomentar estas habilidades a lo largo de todo el año escolar, no solo cuando se acerca una evaluación nacional. El reto para las comunidades educativas no es la falta de compromiso, sino la necesidad de implementar metodologías sistemáticas para visualizar y practicar el pensamiento. A menudo se le pide al estudiante analizar o reflexionar, pero no siempre se les enseña los pasos cognitivos para hacerlo. Para desarrollar el pensamiento crítico y una comprensión profunda se requiere articular estrategias claras que guíen al estudiante a razonar con rigor y autonomía, sostiene. Según la experta, los docentes y equipos directivos juegan un papel fundamental en establecer una cultura donde estas competencias sean parte integral del aprendizaje diario. Cuando los líderes educativos crean espacios de planificación colaborativa y apoyo docente, el enfoque deja de ser solo prepararse para la prueba y pasa a ser enseñar a pensar. Los docentes, al dominar estrategias centradas en la indagación y metacognición, logran que estas habilidades se practiquen a diario, agrega. Más allá de las calificaciones obtenidas por cada colegio, los expertos coinciden en que el principal desafío sigue siendo fortalecer habilidades que serán útiles a lo largo de toda la trayectoria escolar de los estudiantes. La capacidad de comprender, analizar, argumentar y resolver problemas son competencias que hoy influyen no solo en el rendimiento académico, sino también en cómo los niños y jóvenes enfrentan los desafíos cotidianos. Fuente: Publimetro
Con la proximidad de una nueva aplicación del SIMCE, muchos colegios intensifican sus ensayos y repasos para preparar a los estudiantes. Sin embargo, expertos advierten que el éxito en esta evaluación depende más del desarrollo continuo de habilidades como la comprensión, el razonamiento y la resolución de problemas que de la preparación de último momento. Esta necesidad de habilidades se relaciona con la evolución que ha experimentado el SIMCE en sí mismo. Actualmente, la evaluación busca evaluar cómo los estudiantes aplican sus conocimientos en diferentes contextos, en lugar de simplemente medir la memorización de contenidos. El SIMCE ya no busca verificar cuánto contenido ha acumulado un estudiante, sino qué puede hacer con lo que sabe. Hoy en día, la evaluación evalúa cómo procesan información, deducen significados implícitos, resuelven problemas en situaciones cambiantes y evalúan posturas. Esta evolución refleja que las habilidades del pensamiento no son abstractas, sino herramientas esenciales para la vida cotidiana y el aprendizaje continuo, explica Carla Saldívar, experta en desarrollo del pensamiento de Ziemax. Saldívar destaca que uno de los desafíos principales para las comunidades educativas es fomentar estas habilidades a lo largo de todo el año escolar, no solo cuando se acerca una evaluación nacional. El reto para las comunidades educativas no es la falta de compromiso, sino la necesidad de implementar metodologías sistemáticas para visualizar y practicar el pensamiento. A menudo se le pide al estudiante analizar o reflexionar, pero no siempre se les enseña los pasos cognitivos para hacerlo. Para desarrollar el pensamiento crítico y una comprensión profunda se requiere articular estrategias claras que guíen al estudiante a razonar con rigor y autonomía, sostiene. Según la experta, los docentes y equipos directivos juegan un papel fundamental en establecer una cultura donde estas competencias sean parte integral del aprendizaje diario. Cuando los líderes educativos crean espacios de planificación colaborativa y apoyo docente, el enfoque deja de ser solo prepararse para la prueba y pasa a ser enseñar a pensar. Los docentes, al dominar estrategias centradas en la indagación y metacognición, logran que estas habilidades se practiquen a diario, agrega. Más allá de las calificaciones obtenidas por cada colegio, los expertos coinciden en que el principal desafío sigue siendo fortalecer habilidades que serán útiles a lo largo de toda la trayectoria escolar de los estudiantes. La capacidad de comprender, analizar, argumentar y resolver problemas son competencias que hoy influyen no solo en el rendimiento académico, sino también en cómo los niños y jóvenes enfrentan los desafíos cotidianos. Fuente: Publimetro