Según antecedentes de la Agencia Internacional de Energía (IEA), las organizaciones que implementan sistemas de gestión energética pueden reducir en promedio un 11% de su consumo energético durante los primeros años de aplicación. Para especialistas, una parte importante de ese ahorro no depende necesariamente de grandes inversiones, sino de contar con información precisa sobre cómo, cuándo y dónde se consume la energía, permitiendo detectar ineficiencias y tomar decisiones oportunas. En ese sentido, la gestión de la información energética se consolida como una herramienta estratégica para las organizaciones. Más allá de disminuir la cuenta de electricidad, conocer el comportamiento de los consumos permite optimizar procesos, anticipar desviaciones y fortalecer la planificación financiera. Entre las principales recomendaciones para avanzar hacia una operación más eficiente se encuentran: Revisar periódicamente la facturación eléctrica: errores de cobro, cargos mal aplicados o desajustes tarifarios pueden mantenerse durante meses sin ser detectados. Auditar las facturas sistemáticamente ayuda a corregir inconsistencias y evitar pagos innecesarios. Centralizar el monitoreo de todos los energéticos: integrar en un solo lugar información sobre electricidad, gas, diésel, GLP o agua facilita el análisis, permite identificar dónde se concentran los mayores costos y entrega una visión global para priorizar acciones de mejora. Detectar desviaciones antes de que impacten el presupuesto: el monitoreo en tiempo real permite advertir aumentos anormales de consumo, equipos funcionando fuera de parámetros, procesos ineficientes o fugas energéticas que pueden traducirse rápidamente en mayores costos operacionales si no se corrigen a tiempo. Evaluar periódicamente el contrato de suministro eléctrico: el crecimiento de una empresa, los cambios en la producción o las variaciones del mercado pueden hacer que un contrato deje de ser competitivo. Revisar las condiciones tarifarias o analizar el paso al mercado de clientes libres puede abrir oportunidades relevantes de ahorro. Medir el impacto de las inversiones en eficiencia energética: Proyectos como la incorporación de sistemas fotovoltaicos, el recambio tecnológico o la optimización de procesos generan mayor valor cuando es posible cuantificar su impacto mediante indicadores de consumo, ahorro económico y reducción de emisiones. Sin embargo, la eficiencia energética no es una meta estática. Revisar periódicamente nuevas tecnologías, soluciones disponibles y la evolución de sus costos permite identificar oportunidades que hace algunos años podían no ser rentables y que hoy sí representan un beneficio para la empresa. Para Víctor Bravo, socio fundador y gerente general de Blue Light Energy, la gestión energética dejó de ser una tarea exclusivamente operacional para convertirse en una herramienta estratégica. Además, destaca que esta gestión puede traducirse en una mayor productividad, mejor planificación financiera, cumplimiento de estándares ESG, relación más sólida con inversionistas y mayor competitividad en mercados exigentes. Bravo afirma: Cuando las empresas toman decisiones con datos reales, la energía deja de ser un gasto inevitable y pasa a transformarse en una oportunidad de crecimiento. El ejecutivo también menciona que la digitalización en la gestión energética está permitiendo a las empresas comprender con mayor precisión qué consumen, cuánto consumen y dónde se generan sus principales costos. Disponer de información confiable y en tiempo real facilita la toma decisiones, fortalece la sostenibilidad organizacional y mejora la capacidad competitiva en un entorno donde la eficiencia es determinante para el desarrollo del negocio. Fuente: Publimetro
Según antecedentes de la Agencia Internacional de Energía (IEA), las organizaciones que implementan sistemas de gestión energética pueden reducir en promedio un 11% de su consumo energético durante los primeros años de aplicación. Para especialistas, una parte importante de ese ahorro no depende necesariamente de grandes inversiones, sino de contar con información precisa sobre cómo, cuándo y dónde se consume la energía, permitiendo detectar ineficiencias y tomar decisiones oportunas. En ese sentido, la gestión de la información energética se consolida como una herramienta estratégica para las organizaciones. Más allá de disminuir la cuenta de electricidad, conocer el comportamiento de los consumos permite optimizar procesos, anticipar desviaciones y fortalecer la planificación financiera. Entre las principales recomendaciones para avanzar hacia una operación más eficiente se encuentran: Revisar periódicamente la facturación eléctrica: errores de cobro, cargos mal aplicados o desajustes tarifarios pueden mantenerse durante meses sin ser detectados. Auditar las facturas sistemáticamente ayuda a corregir inconsistencias y evitar pagos innecesarios. Centralizar el monitoreo de todos los energéticos: integrar en un solo lugar información sobre electricidad, gas, diésel, GLP o agua facilita el análisis, permite identificar dónde se concentran los mayores costos y entrega una visión global para priorizar acciones de mejora. Detectar desviaciones antes de que impacten el presupuesto: el monitoreo en tiempo real permite advertir aumentos anormales de consumo, equipos funcionando fuera de parámetros, procesos ineficientes o fugas energéticas que pueden traducirse rápidamente en mayores costos operacionales si no se corrigen a tiempo. Evaluar periódicamente el contrato de suministro eléctrico: el crecimiento de una empresa, los cambios en la producción o las variaciones del mercado pueden hacer que un contrato deje de ser competitivo. Revisar las condiciones tarifarias o analizar el paso al mercado de clientes libres puede abrir oportunidades relevantes de ahorro. Medir el impacto de las inversiones en eficiencia energética: Proyectos como la incorporación de sistemas fotovoltaicos, el recambio tecnológico o la optimización de procesos generan mayor valor cuando es posible cuantificar su impacto mediante indicadores de consumo, ahorro económico y reducción de emisiones. Sin embargo, la eficiencia energética no es una meta estática. Revisar periódicamente nuevas tecnologías, soluciones disponibles y la evolución de sus costos permite identificar oportunidades que hace algunos años podían no ser rentables y que hoy sí representan un beneficio para la empresa. Para Víctor Bravo, socio fundador y gerente general de Blue Light Energy, la gestión energética dejó de ser una tarea exclusivamente operacional para convertirse en una herramienta estratégica. Además, destaca que esta gestión puede traducirse en una mayor productividad, mejor planificación financiera, cumplimiento de estándares ESG, relación más sólida con inversionistas y mayor competitividad en mercados exigentes. Bravo afirma: Cuando las empresas toman decisiones con datos reales, la energía deja de ser un gasto inevitable y pasa a transformarse en una oportunidad de crecimiento. El ejecutivo también menciona que la digitalización en la gestión energética está permitiendo a las empresas comprender con mayor precisión qué consumen, cuánto consumen y dónde se generan sus principales costos. Disponer de información confiable y en tiempo real facilita la toma decisiones, fortalece la sostenibilidad organizacional y mejora la capacidad competitiva en un entorno donde la eficiencia es determinante para el desarrollo del negocio. Fuente: Publimetro