La vida social después de los 50 en Chile está experimentando una transformación profunda, lejos de la idea tradicional de una vejez marcada por el aislamiento o la rutina. Más que desaparecer, los vínculos cambian de forma: dejan de ser obligatorios y pasan a ser elegidos. Este cambio ocurre en un contexto claro: Chile envejece rápidamente y hoy las personas mayores de 50 años representan cerca del 32% de la población, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). A esto se suma que cada vez más personas viven solas, modificando la forma en que se construyen las relaciones sociales. En este escenario, la vida después de los 50 deja de estar estructurada únicamente por el trabajo o la familia. La jubilación, el nido vacío o una mayor disponibilidad de tiempo marcan un punto de inflexión que abre espacio a nuevas dinámicas sociales. Sin embargo, esta transformación convive con una tensión relevante. Estudios del Centro UC de Estudios de Vejez y Envejecimiento advierten que cerca del 49% de las personas mayores en Chile declara sentirse en soledad, y más de la mitad presenta riesgo de aislamiento social, evidenciando vínculos más frágiles que en generaciones anteriores. Pero más que una pérdida, lo que está ocurriendo es una reconfiguración. Hoy la vida social no viene dada, se construye activamente. “Durante años construimos relaciones porque el trabajo, la familia o el barrio nos las imponía. Después de los 50, muchas personas descubren algo nuevo: que pueden elegir. Con quién compartir, desde dónde vincularse, qué quieren hacer con su tiempo. Eso no es aislamiento, es un punto de inflexión”, señala Michelle Schnitzer, CEO de BondUP. Cada vez más personas comienzan a buscar espacios donde compartir intereses, generar nuevas conexiones y mantenerse activas, participando en talleres, actividades y encuentros que funcionan como verdaderas plataformas de vínculo, como los que impulsa BondUP, expertos en comunidad y experiencias para personas mayores de 50. Este cambio responde también a una nueva forma de entender el bienestar. La evidencia ha mostrado que el aislamiento social no solo impacta en la salud mental, sino que también puede tener efectos físicos comparables a otros factores de riesgo, como fumar hasta 15 cigarrillos al día, lo que lo posiciona como un desafío creciente. En este contexto, comienza a instalarse la idea de una “segunda vida social”: una etapa donde las personas buscan no solo compañía, sino también experiencias, aprendizaje y sentido de pertenencia. “Hay un perfil que vemos todos los días y que la sociedad todavía subestima: personas de 55, 60 o 65 años, llenas de energía, con ganas de probar cosas nuevas y de sentirse parte de algo. No están esperando que la vida pase, están buscando activamente cómo vivirla distinto”, agrega Schnitzer. Así, la vida después de los 50 deja de entenderse como una etapa de cierre y comienza a posicionarse como un espacio de redescubrimiento, donde las personas redefinen cómo se relacionan, cómo ocupan su tiempo y cómo quieren vivir. Fuente: Publimetro
Un violento asalto afectó durante la madrugada a los padres de la abogada penalista Helhue Sukni en la comuna de Las Condes. La propia profesional confirmó que su madre, de 90 años, fue amarrada por los delincuentes que ingresaron al domicilio familiar. De acuerdo con los primeros antecedentes, el hecho ocurrió pasada la medianoche, cuando un grupo de desconocidos irrumpió en la vivienda y redujo a los adultos mayores. Tras maniatar a las víctimas, los sujetos sustrajeron diversas especies antes de darse a la fuga. La abogada, quien se encuentra fuera del país, utilizó su cuenta de Instagram para relatar lo sucedido y expresar su indignación. “Quiero que todo Chile sepa lo que hicieron. Entraron a la casa de mi papá y mi mamá. Mi mamá tiene 90 años”, señaló en un video difundido en redes sociales. En el mismo registro, lanzó duras advertencias contra los responsables. “Les juro, como que me llamo Helhue Sukni, los voy a encontrar”, afirmó, agregando que, una vez de regreso en Chile, hará todo lo posible por dar con su paradero. “No estoy ahora allá, pero que llegue y los voy a encontrar y van a saber quién es la Helhue Sukni”, sostuvo. “Para que sepa todo Chile, toda la prensa, que entraron a la casa de mi papá”, añadió luego. Carabineros adoptó el procedimiento inicial en el lugar y posteriormente la investigación quedó en manos de la Brigada Investigadora de Robos (BIRO) de la Policía de Investigaciones. Hasta el momento no se han informado personas detenidas, mientras continúan las diligencias para esclarecer los hechos. Fuente: Publimetro
Una investigación transnacional liderada por la Fiscalía de Tarapacá y la Policía de Investigaciones (PDI), activada tras alertas del FBI, permitió desarticular al denominado “Clan Chen”, una organización criminal acusada de defraudar más de 210 millones de dólares. La estructura utilizaba a Chile como centro neurálgico para el lavado de activos provenientes de estafas digitales perpetradas contra ciudadanos estadounidenses, específicamente personas de la tercera edad. El operativo, que incluyó allanamientos simultáneos en cinco regiones, reveló una sofisticada ingeniería financiera que operaba desde la Zona Franca de Iquique (Zofri) y el Barrio Meiggs en Santiago. El mecanismo de captación de fondos se basaba en la vulnerabilidad tecnológica de las víctimas. Según los antecedentes de la investigación, la banda contactaba a adultos mayores en Estados Unidos para inducirlos a descargar una aplicación móvil de inversiones. Esta plataforma mostraba gráficos de rentabilidad falsos, haciendo creer a los usuarios que sus ahorros generaban ganancias inmediatas para incentivar mayores transferencias de dinero. El fraude se consumaba mediante un esquema de desaparición programada. Cuando las víctimas intentaban retirar sus supuestas ganancias o comenzaban a sospechar, la aplicación dejaba de funcionar y desaparecía de los dispositivos, eliminando el rastro digital de cara al usuario. Las denuncias se acumularon en Estados Unidos, donde incluso un banco asegurador figuró como víctima institucional, lo que derivó en la intervención del FBI y el posterior envío de los antecedentes al Ministerio Público chileno. El dinero defraudado en el extranjero ingresaba directamente al sistema financiero chileno a través de cuentas bancarias en Iquique. Para dificultar la trazabilidad de los fondos, la organización creó un entramado de 16 empresas de fachada dedicadas exclusivamente a recibir el capital ilícito, el cual era dispersado rápidamente hacia otras 48 sociedades instrumentales. Esta estructura aprovechaba el alto flujo comercial de la Zona Franca de Iquique (Zofri) para justificar movimientos millonarios que simulaban operaciones de comercio exterior. La indagatoria detectó graves fallas en los controles de cumplimiento bancario. Ejecutivos de Banco Santander fueron vinculados a la red, permitiendo transacciones anómalas que incluían el cobro por caja de cheques por montos de hasta 500 mil dólares. Se estableció que una sola persona, actuando en representación de distintas empresas, llegó a retirar más de un millón de dólares en efectivo en una misma sucursal durante un solo día. Uno de los encargados de operaciones internacionales de la entidad bancaria en Zofri fue reclutado directamente por la estructura criminal para facilitar estas maniobras. El despliegue policial abarcó órdenes de detención contra 50 personas y la intervención de 70 domicilios a lo largo del país. La jerarquía de la banda, descrita como la cúpula, estaba compuesta por ciudadanos chinos, quienes representaban apenas el 10% del total de los investigados. El 90% restante de la red operativa estaba conformado por ciudadanos chilenos y otras nacionalidades, encargados de la logística financiera y administrativa. Durante las diligencias realizadas en la Región Metropolitana, específicamente en el Barrio Meiggs, un ciudadano chino intentó evadir el arresto, lanzándose desde el segundo piso de un edificio residencial en calle Sazié, resultando con lesiones graves. La investigación, que también detectó el uso de criptomonedas para el lavado de activos, ha incautado más 50 millones pesos en efectivo en sus primeras fases, confirmando que el principio del lavado se radicaba en Iquique pese a las ramificaciones en la capital. Fuente: Publimetro
La vida social después de los 50 en Chile está experimentando una transformación profunda, lejos de la idea tradicional de una vejez marcada por el aislamiento o la rutina. Más que desaparecer, los vínculos cambian de forma: dejan de ser obligatorios y pasan a ser elegidos. Este cambio ocurre en un contexto claro: Chile envejece rápidamente y hoy las personas mayores de 50 años representan cerca del 32% de la población, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). A esto se suma que cada vez más personas viven solas, modificando la forma en que se construyen las relaciones sociales. En este escenario, la vida después de los 50 deja de estar estructurada únicamente por el trabajo o la familia. La jubilación, el nido vacío o una mayor disponibilidad de tiempo marcan un punto de inflexión que abre espacio a nuevas dinámicas sociales. Sin embargo, esta transformación convive con una tensión relevante. Estudios del Centro UC de Estudios de Vejez y Envejecimiento advierten que cerca del 49% de las personas mayores en Chile declara sentirse en soledad, y más de la mitad presenta riesgo de aislamiento social, evidenciando vínculos más frágiles que en generaciones anteriores. Pero más que una pérdida, lo que está ocurriendo es una reconfiguración. Hoy la vida social no viene dada, se construye activamente. “Durante años construimos relaciones porque el trabajo, la familia o el barrio nos las imponía. Después de los 50, muchas personas descubren algo nuevo: que pueden elegir. Con quién compartir, desde dónde vincularse, qué quieren hacer con su tiempo. Eso no es aislamiento, es un punto de inflexión”, señala Michelle Schnitzer, CEO de BondUP. Cada vez más personas comienzan a buscar espacios donde compartir intereses, generar nuevas conexiones y mantenerse activas, participando en talleres, actividades y encuentros que funcionan como verdaderas plataformas de vínculo, como los que impulsa BondUP, expertos en comunidad y experiencias para personas mayores de 50. Este cambio responde también a una nueva forma de entender el bienestar. La evidencia ha mostrado que el aislamiento social no solo impacta en la salud mental, sino que también puede tener efectos físicos comparables a otros factores de riesgo, como fumar hasta 15 cigarrillos al día, lo que lo posiciona como un desafío creciente. En este contexto, comienza a instalarse la idea de una “segunda vida social”: una etapa donde las personas buscan no solo compañía, sino también experiencias, aprendizaje y sentido de pertenencia. “Hay un perfil que vemos todos los días y que la sociedad todavía subestima: personas de 55, 60 o 65 años, llenas de energía, con ganas de probar cosas nuevas y de sentirse parte de algo. No están esperando que la vida pase, están buscando activamente cómo vivirla distinto”, agrega Schnitzer. Así, la vida después de los 50 deja de entenderse como una etapa de cierre y comienza a posicionarse como un espacio de redescubrimiento, donde las personas redefinen cómo se relacionan, cómo ocupan su tiempo y cómo quieren vivir. Fuente: Publimetro
Un violento asalto afectó durante la madrugada a los padres de la abogada penalista Helhue Sukni en la comuna de Las Condes. La propia profesional confirmó que su madre, de 90 años, fue amarrada por los delincuentes que ingresaron al domicilio familiar. De acuerdo con los primeros antecedentes, el hecho ocurrió pasada la medianoche, cuando un grupo de desconocidos irrumpió en la vivienda y redujo a los adultos mayores. Tras maniatar a las víctimas, los sujetos sustrajeron diversas especies antes de darse a la fuga. La abogada, quien se encuentra fuera del país, utilizó su cuenta de Instagram para relatar lo sucedido y expresar su indignación. “Quiero que todo Chile sepa lo que hicieron. Entraron a la casa de mi papá y mi mamá. Mi mamá tiene 90 años”, señaló en un video difundido en redes sociales. En el mismo registro, lanzó duras advertencias contra los responsables. “Les juro, como que me llamo Helhue Sukni, los voy a encontrar”, afirmó, agregando que, una vez de regreso en Chile, hará todo lo posible por dar con su paradero. “No estoy ahora allá, pero que llegue y los voy a encontrar y van a saber quién es la Helhue Sukni”, sostuvo. “Para que sepa todo Chile, toda la prensa, que entraron a la casa de mi papá”, añadió luego. Carabineros adoptó el procedimiento inicial en el lugar y posteriormente la investigación quedó en manos de la Brigada Investigadora de Robos (BIRO) de la Policía de Investigaciones. Hasta el momento no se han informado personas detenidas, mientras continúan las diligencias para esclarecer los hechos. Fuente: Publimetro
Una investigación transnacional liderada por la Fiscalía de Tarapacá y la Policía de Investigaciones (PDI), activada tras alertas del FBI, permitió desarticular al denominado “Clan Chen”, una organización criminal acusada de defraudar más de 210 millones de dólares. La estructura utilizaba a Chile como centro neurálgico para el lavado de activos provenientes de estafas digitales perpetradas contra ciudadanos estadounidenses, específicamente personas de la tercera edad. El operativo, que incluyó allanamientos simultáneos en cinco regiones, reveló una sofisticada ingeniería financiera que operaba desde la Zona Franca de Iquique (Zofri) y el Barrio Meiggs en Santiago. El mecanismo de captación de fondos se basaba en la vulnerabilidad tecnológica de las víctimas. Según los antecedentes de la investigación, la banda contactaba a adultos mayores en Estados Unidos para inducirlos a descargar una aplicación móvil de inversiones. Esta plataforma mostraba gráficos de rentabilidad falsos, haciendo creer a los usuarios que sus ahorros generaban ganancias inmediatas para incentivar mayores transferencias de dinero. El fraude se consumaba mediante un esquema de desaparición programada. Cuando las víctimas intentaban retirar sus supuestas ganancias o comenzaban a sospechar, la aplicación dejaba de funcionar y desaparecía de los dispositivos, eliminando el rastro digital de cara al usuario. Las denuncias se acumularon en Estados Unidos, donde incluso un banco asegurador figuró como víctima institucional, lo que derivó en la intervención del FBI y el posterior envío de los antecedentes al Ministerio Público chileno. El dinero defraudado en el extranjero ingresaba directamente al sistema financiero chileno a través de cuentas bancarias en Iquique. Para dificultar la trazabilidad de los fondos, la organización creó un entramado de 16 empresas de fachada dedicadas exclusivamente a recibir el capital ilícito, el cual era dispersado rápidamente hacia otras 48 sociedades instrumentales. Esta estructura aprovechaba el alto flujo comercial de la Zona Franca de Iquique (Zofri) para justificar movimientos millonarios que simulaban operaciones de comercio exterior. La indagatoria detectó graves fallas en los controles de cumplimiento bancario. Ejecutivos de Banco Santander fueron vinculados a la red, permitiendo transacciones anómalas que incluían el cobro por caja de cheques por montos de hasta 500 mil dólares. Se estableció que una sola persona, actuando en representación de distintas empresas, llegó a retirar más de un millón de dólares en efectivo en una misma sucursal durante un solo día. Uno de los encargados de operaciones internacionales de la entidad bancaria en Zofri fue reclutado directamente por la estructura criminal para facilitar estas maniobras. El despliegue policial abarcó órdenes de detención contra 50 personas y la intervención de 70 domicilios a lo largo del país. La jerarquía de la banda, descrita como la cúpula, estaba compuesta por ciudadanos chinos, quienes representaban apenas el 10% del total de los investigados. El 90% restante de la red operativa estaba conformado por ciudadanos chilenos y otras nacionalidades, encargados de la logística financiera y administrativa. Durante las diligencias realizadas en la Región Metropolitana, específicamente en el Barrio Meiggs, un ciudadano chino intentó evadir el arresto, lanzándose desde el segundo piso de un edificio residencial en calle Sazié, resultando con lesiones graves. La investigación, que también detectó el uso de criptomonedas para el lavado de activos, ha incautado más 50 millones pesos en efectivo en sus primeras fases, confirmando que el principio del lavado se radicaba en Iquique pese a las ramificaciones en la capital. Fuente: Publimetro